Sobrecarga sensorial y TDAH: qué significa y qué no sobre el autismo

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Sobrecarga sensorial y TDAH: qué significa y qué no sobre el autismo

Aquí va la
respuesta corta

Sí. Puedes tener sobrecarga y otras diferencias sensoriales sin ser autista. Están documentadas en el TDAH, aparecen en varias condiciones y también varían dentro de la población general, así que tenerlas no establece autismo por sí solo.

Una revisión sistemática y metaanálisis de 2025 encontró que las personas con TDAH puntúan más alto que los controles en cuatro dominios sensoriales, con tamaños de efecto grandes y mucha variación entre estudios. Una guía pediátrica publicada describe la dificultad sensorial como algo que aparece en el autismo, el TDAH, los trastornos del desarrollo de la coordinación y la ansiedad infantil.

El trastorno del procesamiento sensorial no es un diagnóstico independiente en el DSM-5-TR. Una política de 2012 de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) recomienda a la pediatría estadounidense no usarlo como diagnóstico y evaluar otras explicaciones del desarrollo y de la conducta. Las diferencias sensoriales pueden informar una pregunta diagnóstica, pero no la responden ni descartan el autismo por sí solas.

En los manuales clínicos, TDAH corresponde a trastorno por déficit de atención e hiperactividad; aquí usamos la sigla. Un aparte sobre vocabulario, porque esta página usa varios términos relacionados: diferencias sensoriales es el término amplio. Sensibilidad, evitación, búsqueda y bajo registro describen patrones dentro de esas diferencias; sobrecarga es lo que puede ocurrir cuando la cantidad o intensidad de estímulos supera la capacidad disponible en ese momento.

Qué muestra la evidencia sobre las diferencias sensoriales en el TDAH

La evidencia reciente más clara viene de una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 en el Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. Tras revisar 10 750 registros, el metaanálisis reunió 30 estudios con 5374 participantes, 23 de ellos en población infantil y 7 en personas adultas, que comparaban a personas con diagnóstico de TDAH con grupos de control mediante el procesamiento sensorial medido por cuestionario.

Las personas con TDAH puntuaron más alto en los cuatro dominios medidos: sensibilidad sensorial, evitación sensorial, registro sensorial bajo y búsqueda sensorial. Las diferencias de medias estandarizadas fueron de 1,15 a 1,23, que son efectos grandes (Jurek et al., 2025).

Dos matices van pegados a esas cifras. La heterogeneidad fue alta en todos los análisis, entre 87 % y 97 %, lo que significa que los estudios discrepaban bastante entre sí sobre el tamaño del efecto. Y solo nueve de los 30 estudios se calificaron con bajo riesgo de sesgo en conjunto. La dirección del hallazgo está bien respaldada. La magnitud exacta, no.

Esos cuatro dominios vienen del modelo de cuestionario de Dunn, que combina umbral neurológico con autorregulación pasiva o activa. Sensibilidad y evitación describen patrones de umbral bajo; registro y búsqueda describen patrones de umbral alto. Son constructos de cuestionario, no diagnósticos, y el metaanálisis no establece por qué una persona concreta pasa por alto una señal interna, hace stims (acciones de autoestimulación, como movimientos, sonidos u otras conductas repetidas) o se mueve sin parar. Las personas con TDAH puntuaron más alto que los controles en los cuatro dominios.

La base de evidencia pesa hacia la infancia: 23 de los 30 estudios eran pediátricos y solo 7 cubrían población adulta. Aplicar las cifras agrupadas a personas adultas implica un supuesto que los datos no sostienen del todo.

La conclusión de los propios autores merece citarse por lo que implica para la práctica: las guías clínicas de TDAH hoy no mencionan evaluar el procesamiento sensorial, así que el equipo autor propone explorar el procesamiento sensorial de forma sistemática en niñas, niños y personas adultas que consultan por posible TDAH.

Un estudio anterior se preguntó si esto era autismo disfrazado. Comparó perfiles sensoriales en personas adultas con TDAH y encontró perfiles sensoriales atípicos presentes con independencia de los síntomas autistas, que es justo la comparación que importa para esta pregunta (Bijlenga et al., 2017).

Las diferencias sensoriales no son exclusivas de ninguna condición

La AAP enuncia la posición general sin rodeos: la dificultad para tolerar o procesar información sensorial es una característica que puede verse en muchas condiciones del desarrollo y de la conducta, y menciona el autismo, el TDAH, los trastornos del desarrollo de la coordinación y los trastornos de ansiedad de la infancia (Zimmer y Desch, 2012).

La respuesta sensorial también varía en personas sin ningún diagnóstico. Las medidas por cuestionario producen distribuciones y pueden aplicar rangos propios del instrumento, pero ningún punto de corte universalmente aceptado establece por sí solo un trastorno sensorial. Alguien puede encontrar insoportable la luz fluorescente, odiar ciertos tejidos y necesitar silencio después de un día ruidoso sin que esa experiencia identifique una condición concreta.

Lo que mueve las diferencias sensoriales de rasgo a algo clínicamente interesante es la consecuencia: malestar, evitación que limita la vida, o el tiempo y la energía de recuperación que terminan afectando el trabajo o las relaciones.

Debajo de esta evidencia hay una limitación de medición. Todos los estudios del metaanálisis de TDAH de 2025 midieron el procesamiento sensorial con un cuestionario respondido por la propia persona, por una madre o padre, o por otro informante. Esos resultados registran conductas observadas e informadas, no respuestas fisiológicas medidas de forma directa. También existe investigación sensorial fisiológica y psicofísica, así que la limitación es de este metaanálisis y no de todo el campo.

Qué significa y qué no significa la etiqueta diagnóstica

El trastorno del procesamiento sensorial se usa como etiqueta descriptiva o clínica en algunos contextos, y no es un diagnóstico independiente en el DSM-5-TR. Algunos sistemas de clasificación de la primera infancia lo han incluido, así que “no está en el DSM-5-TR” no debe ampliarse a “no se reconoce en ninguna parte”.

La AAP es explícita sobre su recomendación para la infancia en la práctica pediátrica estadounidense. Dice que no está claro si quienes presentan problemas de base sensorial tienen una alteración de las vías sensoriales del cerebro o características asociadas a otras condiciones. Como no hay un marco diagnóstico universalmente aceptado, recomienda no usar el trastorno del procesamiento sensorial como diagnóstico y completar una evaluación exhaustiva de otras condiciones del desarrollo y de la conducta (Zimmer y Desch, 2012).

La misma declaración es prudente sobre el tratamiento. La terapia ocupacional de base sensorial puede ser aceptable como un componente de un plan integral, mientras describe la investigación sobre su eficacia como limitada y no concluyente.

De ahí sale una distinción práctica que conviene nombrar. Las necesidades sensoriales pueden evaluarse y apoyarse aunque profesionales o sistemas diagnósticos describan la categoría de fondo de otra manera. La terminología que acaba en los informes y el acceso a servicios varían según la profesión, el servicio y el país.

Qué está resuelto y qué sigue en duda

Varias partes de esta pregunta están resueltas. Las diferencias sensoriales son medibles, aparecen en varias condiciones y no son un diagnóstico independiente del DSM-5-TR. La terapia ocupacional de base sensorial puede usarse como un componente de un plan más amplio, mientras la política de 2012 de la AAP describe la evidencia de tratamiento disponible entonces como limitada y no concluyente.

Lo que sigue en duda es si las dificultades de procesamiento sensorial forman un trastorno independiente con un mecanismo compartido y un límite diagnóstico universalmente aceptado. La evidencia citada aquí no resuelve esa pregunta, y la terminología profesional no sustituye a un diagnóstico diferencial validado.

En la práctica, un profesional de la salud puede documentar un perfil sensorial mientras otro trata las mismas observaciones como rasgos que pueden aparecer con el TDAH, el autismo, la ansiedad, las dificultades de coordinación u otros cuadros que se estén evaluando. La pregunta útil es qué se midió, qué alternativas se evaluaron y qué apoyo viene después, no si una etiqueta zanja la causa de fondo.

Qué dicen y qué no dicen las diferencias sensoriales sobre el autismo

Las diferencias sensoriales entraron en los criterios de autismo en el DSM-5, donde la hiper o hiporreactividad a estímulos sensoriales o el interés inusual por aspectos sensoriales del entorno figura como uno de los cuatro rasgos restringidos y repetitivos (Robertson y Baron-Cohen, 2017).

Esa ubicación es la respuesta entera a esta pregunta. En el DSM-5, la hiper- o hiporreactividad sensorial es una de las cuatro áreas del criterio B; para cumplir ese criterio se requieren al menos dos. El diagnóstico también exige diferencias persistentes en comunicación e interacción social en distintos contextos, presentes desde el desarrollo temprano (American Psychiatric Association, 2022).

Las diferencias sensoriales son más frecuentes en grupos autistas que en grupos de comparación no autistas. Un metaanálisis actualizado de 55 estudios por cuestionario con 4606 participantes autistas encontró diferencias grandes pero heterogéneas en sobrerreactividad, subreactividad y búsqueda. Frente a otros grupos clínicos, solo la sobrerreactividad seguía siendo significativamente distinta, lo que limita la capacidad de un perfil sensorial para distinguir el autismo de otras condiciones (Ben-Sasson et al., 2019).

Más frecuente en personas autistas, y presente en otros grupos, no es lo mismo que diagnóstico. Un rasgo que aparece en varias poblaciones puede abrir una pregunta sin cerrarla.

Hay una complicación más que se suele saltar. El TDAH y el autismo coocurren con frecuencia, así que encontrar un perfil sensorial compatible con cualquiera de los dos no los separa. Un cuestionario sensorial no puede decirle al equipo clínico cuál de los dos está presente, ni si están los dos. Ese trabajo lo hacen la historia del desarrollo y los criterios de comunicación social, no el hallazgo sensorial.

Adónde llevar esto si quieres una respuesta

Conviene separar dos vías, porque no dependen la una de la otra.

La vía sensorial. Las necesidades sensoriales pueden abordarse mientras cualquier pregunta diagnóstica sigue abierta. Entorno, carga, aviso previo y tiempo de recuperación se pueden trabajar sea cual sea la etiqueta que termine usándose, y según el acceso de cada lugar, terapia ocupacional puede ayudar sin que el diagnóstico esté resuelto. Nuestra guía sobre sobrecarga sensorial (en inglés) cubre cómo se ve eso en el día a día.

Qué ayuda cuando la sobrecarga ya llegó

La sobrecarga rara vez viene de un solo estímulo. Suele ser acumulación: una mañana ruidosa, una reunión larga, una etiqueta que molesta desde temprano, y entonces algo pequeño se vuelve lo que ya no cabe. Por eso la pregunta que sirve no es cuál fue el detonante, sino cuánta carga traías encima antes de que apareciera.

Antes. Quita los estímulos que más te cuestan donde puedas elegir: tapones u orejeras para el trayecto, ropa sin etiquetas, luz cálida en vez de fluorescente, las compras a una hora vacía. No se trata de evitar la vida, sino de no gastar el presupuesto sensorial antes de la parte que importa.

Durante. Salir un momento no es huir. Un baño, un pasillo, el carro, cinco minutos afuera. Bajar un canal a la vez suele funcionar mejor que intentar bajarlos todos: primero el sonido, luego la luz, luego la gente.

Después. La recuperación tarda más de lo que casi nadie planea, y no se acelera exigiéndote. Silencio, poca luz, movimiento repetitivo, algo conocido. Si sabes que un día viene cargado, aparta el después con la misma seriedad con que apartas el durante.

Nada de esto necesita un diagnóstico para empezar, y ninguna de estas estrategias contesta la pregunta de qué explica tus diferencias sensoriales. Son cosas distintas y pueden avanzar al mismo tiempo.

Descríbelo con precisión, tomes la vía que tomes. Las necesidades sensoriales se pueden poner por escrito sin etiqueta: qué estímulos, en qué condiciones, con qué consecuencia y cuánto tarda la recuperación. Esa descripción sirve a terapia ocupacional, para solicitar ajustes en el trabajo y a una evaluación diagnóstica más adelante. Es también la parte que más se pierde si esperas al diagnóstico primero.

La vía diagnóstica. Si las experiencias sensoriales acompañan a un patrón más amplio de toda la vida, una evaluación puede examinar ese patrón entero. Las diferencias de comunicación social y los rasgos restringidos o repetitivos son relevantes para el autismo; la inatención persistente o la hiperactividad-impulsividad lo son para el TDAH. Estas condiciones pueden coocurrir, y ningún elemento suelto de ninguna de las dos listas las separa.

Sea cual sea el camino, las diferencias sensoriales son información que llevas, no una respuesta con la que llegas. La autorreflexión AuDHD de NeuroDiversion (en inglés) es una forma estructurada de ordenar tus propios ejemplos antes, y cómo se diagnostica el autismo en adultos cubre el proceso en sí. No hace falta esperar una respuesta diagnóstica para probar apoyos prácticos con lo sensorial. Las dos vías no tienen que esperarse.

Preguntas frecuentes

¿Las dificultades sensoriales siempre significan autismo?
No. Las diferencias sensoriales están documentadas en el TDAH, y la AAP describe la dificultad para tolerar o procesar información sensorial como una característica que puede aparecer en el autismo, el TDAH, los trastornos del desarrollo de la coordinación y los trastornos de ansiedad de la infancia. Las diferencias sensoriales estrechan la pregunta sin responderla.
¿El trastorno del procesamiento sensorial es un diagnóstico real?
No es un diagnóstico independiente en el DSM-5-TR. Una política de 2012 de la AAP recomienda a la pediatría estadounidense no usarlo como diagnóstico y evaluar otras condiciones del desarrollo y de la conducta. Eso es una guía pediátrica dentro de un sistema de salud, no una sentencia mundial sobre cualquier uso del término.
¿Qué tan sólida es la evidencia de diferencias sensoriales en el TDAH?
Una revisión sistemática y metaanálisis de 2025 sobre 30 estudios con 5374 participantes encontró que las personas con TDAH puntuaban más alto que los controles en sensibilidad sensorial, evitación sensorial, búsqueda sensorial y registro bajo. La heterogeneidad entre estudios era alta y solo nueve estudios tenían bajo riesgo de sesgo, así que la dirección está más clara que el tamaño.
¿Se puede tener sensibilidad sensorial y ningún diagnóstico?
Sí. La respuesta sensorial varía en la población general, y ningún punto de corte publicado establece por sí solo un trastorno sensorial en todos los contextos y sistemas diagnósticos. Las diferencias sensoriales pasan a ser clínicamente relevantes cuando causan malestar o limitan la vida diaria, no por el mero hecho de existir.
¿Qué hago si el problema principal es la sobrecarga sensorial?
Las necesidades sensoriales se pueden abordar como problema propio mientras la pregunta diagnóstica sigue abierta. Según las reglas de acceso de cada lugar, terapia ocupacional puede trabajar el entorno, la carga y la recuperación sin que el diagnóstico esté resuelto.

Fuentes

  1. Jurek L, Duchier A, Gauld C, et al. Sensory Processing in Individuals With Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Compared With Control Populations: A Systematic Review and Meta-Analysis. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry 2025;64(10):1132–1147. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2025.02.019
  2. Bijlenga D, Tjon-Ka-Jie JYM, Schuijers F, Kooij JJS. Atypical sensory profiles as core features of adult ADHD, irrespective of autistic symptoms. European Psychiatry 2017;43:51–57. https://doi.org/10.1016/j.eurpsy.2017.02.481
  3. Zimmer M, Desch L; American Academy of Pediatrics Section on Complementary and Integrative Medicine and Council on Children with Disabilities. Sensory integration therapies for children with developmental and behavioral disorders. Pediatrics 2012;129(6):1186–1189. https://doi.org/10.1542/peds.2012-0876
  4. Ben-Sasson A, Gal E, Fluss R, Katz-Zetler N, Cermak SA. Update of a Meta-analysis of Sensory Symptoms in ASD: A New Decade of Research. Journal of Autism and Developmental Disorders 2019;49(12):4974–4996. https://doi.org/10.1007/s10803-019-04180-0
  5. Robertson CE, Baron-Cohen S. Sensory perception in autism. Nature Reviews Neuroscience 2017;18(11):671–684. https://doi.org/10.1038/nrn.2017.112
  6. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). 2022. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787

Por NeuroDiversion. Última actualización: 26 de agosto de 2026.

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